Soneto núm.73
¡Felicidades mil! Es mi destino
cantar hoy tus natales, buen hermano.
No me juzgues un antediluviano,
si me miras la cara, Celerino.
Tú siempre fuiste noble, siempre fino.
Te conozco de tiempo muy lejano,
mientras que yo, por estrechar tu mano,
acaso me atravieso en tu camino.
Perdóname, te ruego, si no acierto
y tenga que ponerme verde, rojo
o quizás amarillo, como un muerto,
y me salga tal vez un verso cojo,
aunque yo no esté cojo, sino tuerto;
mas así te saludo, con un ojo.
Febrero 3, 1943.









