Soneto núm.72
Hija: Si Dios alarga mi existencia
otros días, o acaso quedo ciego,
por mi desgracia, escúchame: te ruego
que a lo menos mitigues mi dolencia
teniéndome más lástima y paciencia,
y pagándole a un joven, desde luego,
para que, su saber poniendo en juego,
me ayude en mi espantosa deficiencia
a escribir de una vez mis “Fonoluvias”
y el poema que guarda tu marido,
incompleto y con lápiz todavía.
Y, cuando muera, esas espigas rubias
tú las cosecharás en grano henchido
que te dará salud, paz y alegría.
Enero, 1943.









