Soneto núm. 32
¡Hijo de mi alma, espérame, te ruego,
en el confín de la Mansión Dichosa!
Mira que yo con alma congojosa
por ti al Señor en oración me entrego.
Yo no puedo tener pleno sosiego
si no lo tienes tú junto a mi esposa,
ella, que fue tan buena, tan virtuosa,
que libre ase halle del purgante fuego.
No hay día que no rece algún responso
por tu eterno descanso. Sí, descansa,
por Dios, descansa ya, querido Alfonso.
Él me hace que yo abrigue la esperanza
(ya que me amaste a mí en paz y concordia)5
que use contigo de misericordia.
Enero de 1943.









