Día inolvidable

Soneto núm. 31

¡Oh, qué dulce recuerdo del Sagrario!
¡Qué felices mis hijos!, y ¡qué bueno
el Dios Eucaristía, que en su seno
se encerró como en nuevo relicario!

¡Benditas las angustias del Calvario!
¡Desdichado el que a tanto amor ajeno
vive del vicio en el inmundo cieno,
como gusano en pestilente osario!

¡Ojalá que el recuerdo de esa fecha
de sus almitas nunca se borrara!,
sabiendo que el demonio las acecha

para adueñarse de su herencia cara,
y que siguiendo por la angosta brecha
al cielo justamente las llevara.

Enero, 1943.