Mi cariño y su dolor

Soneto núm. 33

Si el hijo del gañán allá en el cerro
tiene quien lo custodie y lo vigile,
sin que para ello ningún criado alquile,
porque tiene su fiel y hermoso perro;

yo aquí también, si en mi rincón me encierro
a ver de mis fantasmas el desfile,
para que no padezca y me aniquile,
tengo un ángel, y juzgo que no yerro.

Sí, es un ángel este hijo que me queda
y que por mí sus lágrimas aún rueda
pensando en mis anécdotas de antaño.

¡Pobre!, no sabe mi querido Adolfo
que en mi cariño y su dolor me engolfo,
y eso redunda en mi seguro daño.

Enero de 1943.