Soneto núm. 41
Al fin, ya eres alumno de mi escuela,
Virgilio, aunque sin dientes todavía.
¡Infelice de mí!, mejor diría
Ganoso de tener más de una muela.
¡Oh, qué niño tan bueno!, casi vuela
De lo aprisa que escribe, y a fe mía,
Así leerá también, con fantasía,
Varios libros, y más de una novela.
Ayer quiso pintar, según me dijo,
La yegua de no sé qué personaje
Oculto en su mental y hondo escondrijo,
Siempre que le ayudara en el paisaje.
Lástima que es Virgilio,8 mi buen hijo,
Mas nunca Miguel Ángel.9¡Qué coraje!
Enero de 1943.









