Soneto núm. 45
Si he sido un pecador, y mal ejemplo
he dado, sin querer, a mi familia,
jamás falté a mi fe, y me reconcilia
con Dios, cuando Le busco allá en el templo.
Por eso cuando atónito contemplo
el error de esas gentes sin vigilia,
ni ayuno ni abstinencia, y que se afilia
al moderno vivir, casi destemplo
mi lira de dolor, y a Dios Le ofrezco
mi sangre, mi existencia y ese foco
de luz que llevo en mi alma, y es Su idea.
Por eso muchas veces me entristezco
y me siento olvidado y como loco
sin que nadie me siga ni me crea.
Enero de 1943.









