Soneto núm. 43
El casto enjambre de abejitas de oro
posa en el huerto de la amable niña
y en una rama de laurel se apiña,
como rezando suavemente en coro.
La niña llora, quiere aquel tesoro
que ha conocido en la cercana viña,
cuando fue de paseo a la campiña
montando alegre en su caballo moro.
Mas en esto se acerca su hortelano,
que estaba prevenido de antemano
con agua azucarada, incienso y caja.
La rama aquella poco a poco baja
y allí queda el enjambre vivo y preso.
La niña riendo dio a aquel hombre ¡un beso!
Enero de 1943.









