El prójimo del evangelio

Soneto núm. 5

Nervo, cantando sus tristezas hondas,
que endulza con acentos ancestrales,
en el mar de mi pecho abre canales
a góndolas de luz y azules ondas.

O levanta esas cúpulas redondas
rematadas en cruz que, entre cendales
de las últimas tardes otoñales,
se despiden de arpegios y de frondas.

Es el vino y aceite embalsamado
sobre mi cuerpo herido y asaltado
en camino a la Patria prometida.

Es mi samaritano, consternado
al ver exactamente parecida
mi negra suerte a su azarosa vida.

Dbre. de 1942