Soneto núm. 39
Mi simpática Berta, yo te juro
que tú ya no te acuerdas de este viejo,
y si acaso te acuerdas, de cangrejo,
no de tío, me tratas, de seguro.
Quizá Inés será igual, y algo más duro
mi señor don Pepín, mas te aconsejo
que a lo menos la cara de conejo
o de liebre no olvides. Tras el muro
de la ausencia que ahora nos separa,
acuérdate siquiera de mi casa,
ya que no de mis últimas lecciones.
Consérvate feliz, ¡oh, fresca dalia!,
a la sombra benéfica de Amalia,
y no quieras más chistes ni razones.
Enero de 1943.









