¿Cómo no he de esperar?

Soneto núm. 12

Virgen santa, ¡qué plácida alegría
me da verte en mi altar llena de flores!
Parece que comprendes mis dolores,
parece que comprendes mi agonía.

No quisiera jamás, dulce María,
dejar de contemplar Tus resplandores
y el cúmulo de gracias y favores
que le prodigas a la patria mía.

¿Cómo no he de esperar, Madre del alma,
Puerta del Cielo, misteriosa Palma,
que me des fuerza y sombra en el desierto?

Mensajera de Paz, dame la calma,
dame la calma, que encontrar no acierto
en este siglo audaz, hediondo a muerto.

Dbre. de 1942