Ambiente cristiano

Soneto núm.61

Esa penumbra de las catedrales,
ese sabroso olor a puro incienso,
esa solemne paz, a solas pienso,
nos hablan de las cosas celestiales.

Y ¿cómo no?, si el mal de nuestros males
es nuestra poca fe. Yo me avergüenzo
ante un Dios escondido, Dios inmenso
hecho un niño entre míseros pañales.

Y siento admiración cuando contemplo
el pobre tabernáculo de un templo
parroquial ciertamente desprovisto

de joyas de valor en plata u oro,
y es cuando triste y en secreto adoro
la humildad y el amor de Jesucristo.

Enero de 1943.