Soneto núm.55
También comí pitahayas en extremo.
Huacales y huacales nos llevaban,
que, temblando, vacíos se quedaban,
y no soy mentiroso ni blasfemo.
Una vez (contaré) que un dicho Memo
se hartó con las que a él le regalaban;
por poco en ese día lo enterraban.
Decía vomitando: “¡Demo…, demo…,
”demonio de tragón… Metí la pata…!
¡Soy un guzgo… Me siento como un fardo!”.
En tanto, al pobrecito de Ricardo,
mi hermano, le picó una turicata
que la boca le hinchó y lo puso sardo,
no obstante que la fiesta era escarlata.11
Enero de 1943.









