Soneto núm.54
“¡Es el niño del amo!, ¡qué chistoso!”,
decían los rancheros y rancheras
al verme zapatear entre las cueras
de risueños vaqueros, orgulloso.
—Por cierto, lo hace bien, como Pomposo,
hijo del caporal de Las Caleras—.
—Y también les gritó a las molenderas:
“Aquí quiero una pinta”. ¡Bah, el mocoso!—.
¿No es esto recordar días mejores?
¿No fue Tacatasírindo mi rancho?
¿No anduve entre los buenos lazadores
jinete en un corcel nuevo, tordillo?
¿No comí contentísimo, muy ancho,
los nejos y el famoso picadillo?
Enero de 1943









