Soneto núm.53
Ya que mi humilde vida la consagro
a cantar con extrañas melodías,
quiero que se deslicen otros días
soñando en celebrar fiestas del agro.
Para rememorar no seré magro,
si repito las arduas sinfonías
que me dieron tan breves alegrías
de mi niñez en el primer milagro.
¡Qué grato resonar de los bordones
del arpa grande!, ¡qué movidos sones!
¡Oh, y el violín, qué vivamente me habla!
¡Qué coplas!, ¡qué sabrosas cantinelas!
¡Ya me siento bailando con espuelas
sobre la hueca y retumbante tabla!
Enero, 1943









