Soneto núm. 34
Chon, Milinda, Jesús, Raquel, Fabiola
y el póstumo Alfonsín, que aún no conozco,
me ponen de dolor tan triste y hosco
que no me alegra ya la sinfonola.
A Jesús lo aplastó en la batahola
de trocas un chofer salvaje y tosco
que no hubiera limado ni don Bosco
entre gente italiana y española.
Los demás se han quedado con la abuela
en la finca arrocera Nueva Italia,
y cuya situación bien me desvela.
Mientras el padre en otros mundos vuela,
tal vez en busca de su hermana Amalia,
aquí todo es traición y represalia.
Enero, 1943.









