Soneto núm. 19
La pena que hoy me das, Dios de los cielos,
totalmente me abraza, me cobija,
porque se ceba sin piedad en mi hija,
dueña de mi cariño y mis desvelos.
Oh, si pudiera con sublimes vuelos
llegar a Ti con la mirada fija
en Tu cruz; mas permite que Te exija
compasión, en tan hondos desconsuelos.
Desventurada madre, que soporta
la avilantez de sus modernos hijos,
cierta prudencia ineficaz del padre,
mi enferma ancianidad, que no se acorta,
y cuidados tremendos y prolijos…
¡Buen Jesús, salva a mi hija, por Tu Madre!
Enero 8 de 1943.









