Soneto núm. 18
Ni como el fürer Hitler, monstruo humano,
ni como el Duce, su forzado amigo,
ni como Stalin, que mayor castigo
no vomitó en el mundo otro tirano,
ni así cual Yro Hito, soberano
del Japón, nuestro acérrimo enemigo,
que algún tiempo fingióse nuestro amigo,
tal como ha sido el norteamericano,
pueden cambiar el orden en la Tierra,
como dicen, por fuerza de la guerra.
Si así fuera, cuanto há se hubiera visto.
La verdadera paz imperturbable,
que en vano ofrece el mundo miserable,
volverá cuando vuelva Jesucristo.
Enero 8 de 1943.









