Soneto núm.75
Mundo de mis ensueños juveniles,
mundo pérfido y cruel, ya me despido.
Nada tienes que darme, ni te pido,
en mis años obscuros y seniles.
Bien supe lo que fueron tus fusiles,
con los que fui amagado y perseguido.
Y supe lo que fue el haber perdido
a un buen hijo entre fieras y reptiles.
Nada tengo que darte, mundo ingrato,
como tú para mí nada tampoco.
Ha quedado en el fiel nuestra balanza.
Te perdono tus burlas y maltrato,
al fin que vives ebrio y siempre loco,
y en quijotesca y lastimosa andanza.
Huetamo, 7 de febrero, 1943.
José A. Luviano [firma]
Fin de este libro









