Muerte del ciervo*

Soneto núm. 7

Destácase por cima de la cuesta
que cubre seco pastagal3 dorado,
la rolliza silueta de un venado
de varias puntas y de erguida testa.

Junto al uje costeño en que la siesta
suele pasar y echar rico bocado,
está el ciervo gentilmente parado
que tras sus hembras a partir se apresta.

Poco abajo y al pie de la colina,
un sagaz cazador está escondido
con su larga y certera carabina

contra el bello ejemplar del agrio monte.
Se oye un trueno a la vez que hondo berrido
y el lucero se asoma al horizonte.

Dbre. de 1942


3 [pastagal: sic, acaso, por pastizal.]