Soneto núm. 3
¡Qué contento José con su tordillo!
Viene, lo ve, lo alisa y palmotea,
y del rastrojo que el verano orea
le da el pienso más suave y amarillo.
¡Bueno, José!, su corazón sencillo
hace que al ruido mundanal le crea…
La práctica del bien es su tarea
y alegra todo juvenil corrillo.
Es de sus propios gustos fiel vasallo,
y no hay en ello quién le contradiga,
ya trabaje de fijo o por ensayo.
Nunca siente cansancio ni fatiga
yendo al campo y viniendo en su caballo,
y es su orgullo que a pie sus pasos siga.
Dbre. de 1942









