Soneto núm.49
Dolor sobre dolor, esa es mi vida.
Hace ya tiempo que jamás me escribes
e ignoro si te has muerto, o bien, si vives,
Mela desventurada, hija querida.
Si porque alguna vez (no se me olvida)
soy duro porque no te circunscribes
a las leyes de Dios, tú no me prives
de avisarme si estás como perdida.
Perdida en un estado del demonio,
porque el tuyo no es santo matrimonio.
¿Y tu hombre? Yo no sé, ¿fue acaso un golfo?
Me dirás que en ningún otro me fijo,
y te diré que sí, si no te aflijo,
pregunta hoy cómo está tu hermano Adolfo.
Enero, 1943.









