C. D.

Soneto núm. 24

“¡Cede!”, te dice el mundo; mas no cedas
a lo que el mundo engañador te diga;
el mundo halaga, enferma y luego hostiga,
y nos machacan sus malditas ruedas.

Póntele seria y dile: “No me enredas,
no quiero ser tu esclava ni tu amiga,
ni me verás como infeliz mendiga
de tus pompas, tus galas y tus sedas.

”Tus amores acaban en tragedia;
tus caricias, en sucio menoscabo;
tu falsa compasión nada remedia;

”tu libertad es libertad de esclavo,
y si en risueña cambias nuestra suerte,
es a la sombra de espantosa muerte”.

Enero 12 de 1943.