Soneto núm. 23
Era preciso que en la misteriosa
fila de mis sonetos doloridos
tuviese que llegar a tus oídos
uno, mi nietecita primorosa.
Quizá será el postrero. Tormentosa
es por demás mi vida; mis sentidos
están duros y torpes, sometidos
a una muy larga enfermedad penosa.
Pero eso ya lo sabes. Yo quería,
ahora que te alejas nuevamente
de mi lado, decirte lo que siente
y sufre por tu ausencia el alma mía.
Pero no; ¿para qué? Mira, Celeste,
ningún soneto encontrarás como este…
Enero 11 de 1943.









