Las palomas

Soneto núm.65

Está bien, se acabó; y ¿con qué divierto
mis horas de aturdido solitario?
¿Con rezar el santísimo rosario?
¿Con meditar en mi existir incierto?

Eso lo hago y lo sé. Derecho o tuerto
(como ahora estoy yo), mi oficio diario
es estar en mitad del escenario
haciendo mi papel de vivo-muerto…
………
¡Pero estas celosísimas palomas,
que se aman, se persiguen, picotean,
y no saben de versos ni de bromas,

vuelan tan bajo que mi mente orean,
me hacen poner más diéresis que comas
y acabar! (Como algunos lo desean.)

Enero de 1943.