Soneto núm. 1
Tócame en suerte modular tu nombre
a la par que mirarme en tus pupilas
de miradas tan hondas y tranquilas
que pueden subyugar a cualquier hombre.
Yo, infeliz soñador (y no te asombre),
figura aún en las ardientes filas
de los que viven noches intranquilas
porque ningún amor les da renombre,
ni dicha cierta, aun cuando fuera poca.
Y tú apareces en mi mente loca
cual ave que ha perdido el derrotero,
ya que te hallé en un “cielo” bullanguero1
con esas alas de tu linda boca…
¿Así fue Ester ante el soñado Asuero?
Huetamo, dbre. 6 de 19422









